miércoles, 26 de noviembre de 2008
Lo pedido esta siendo trabajado
martes, 25 de noviembre de 2008
Lo pedis, lo tenes
Le informamos a toda la audiencia que "CRONICALEUCHE" transmitirá una audición mas, el 6 de diciembre por FM ANTENA LIBRE. Tras una reunión extensa entre el productor del programa y los directivos de la radio, llegaron a un acuerdo para extender la transmisión desde el pueblo por una semana mas. La noticia tuvo mucha repercusión tanto en la población de Fisque Menuco y la de Caleuche. Lo cierto es que todos quedaron felices.
lunes, 17 de noviembre de 2008
La mayor obra de ficción en radio
"Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo le observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría vigilar a las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua. Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro por el planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia. Tal vez los microbios que vemos al microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que los mundos mas antiguos del espacio pudieran ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para desechar la idea de que pudieran albergar vida. Es extraño recordar los hábitos mentales de aquellos días. Cuando mucho, los hombres se imaginaban que en Marte vivían otros hombres, quizá en condiciones inferiores a ellos y dispuestos a recibir emisarios terrestres. Pero a través de las enormes distancias espaciales, unas mentes que son a las nuestras a la de las bestias, unos intelectos vastos, fríos y crueles, miraban ala Tierra con envidia, y , lenta pero inexorablemente, fraguaron planes contra nosotros. Entonces, a principios del siglo XX, se produjo la gran revelación".
Wells
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Personaje del dia: Samuel Markovesky
Samuel Markovesky es joven, tiene 35 años aunque muy mal llevados, a simple vista no hay quien le de menos de 50 y aún así su aspecto no es el de un hombre de esa edad con un buen vivir.
Samuel tiene una corta estatura, poco favorecido además por la curvatura de su espalda, que no es una joroba, simplemente camina encorvado. Mide una metro sesenta aproximadamente es difícil decirlo por sus ropas grandes, oscuras y sucias seguramente conseguidas en un fondo de caridad de la sinagoga a la que su familia asistía en busca de solvencia espiritual. Sus allegados ya no están en este mundo o almenos nadie los conoce.
Mas aya de su condición social es una persona instruida y cultivada intelectual y filosóficamente, algunos dicen que era maestro, otros afirman que era doctor. No hubo dinero para si genio, lo logro con esfuerzo pero algo paso y decidió vivir sin un rumbo.
Vive a las orillas del río El Gualicho en una casilla precaria o cuando toma algún vino invitado por un vecino de Caleuche o financiado por las monedas que rescata de las generosidades de quienes lo conocen como un personaje infaltable de la ciudad, suele pernoctar al abrigo de las estrellas o la sombra de un árbol.
Fuma fasos rotos, se ríe, escupe, putea y toma mate también, se lava permanentemente la cara con el agua del rió
Samuel se volvió loco, pero con un instinto peculiar para estar siempre presente en los acontecimientos más relevantes de la vida del lugar. Lo conocen todos y a todos el conoce.
Por surcar las calles tiene relación con los personajes que frecuentan intensamente el espacio abierto. Y todos tiene historias para contar de samuel.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Personaje del dia: Naira Pachari
Naira Pachari nació en Cusco, Perú, el 6 de junio de 1.958. Es conocida también como “Mamaquilla” y vive actualmente en Caleuche. Su casa es un monoambiente y su interior está dividido por un par de biombos que separan la habitación del consultorio. El terreno donde está ubicada la casa es amplio en su parte frontal: más bien parece un baldío y lo primero que se visualiza es una gran higuera, cuyas ramas se expanden sobre un costado de la vivienda de Naira. En la parte trasera de la casa hay una porción pequeña de terreno cercado con alambres de distintos tipos y grosores: ese rincón es frecuentado por los ocho gatos que tiene como mascotas. Los cinco perros, todos ellos de diversos tamaños, edades y colores, deambulan por el amplio frente de la casa y cada tanto entran a la vivienda.
En esa guarida Naira se dedica a la hechicería y a “predecir el futuro”. Ella afirma poder predecir el futuro pero la realidad es que tiene un sexto sentido que le permite conocer la personalidad de quien recurre a ella. Naira sólo puede ver el presente y las intenciones de las personas. Sin embargo mucha gente va a verla para conocer lo que les depara el destino y Naira inventa historias posibles para conformar a quien acude a ella y a su vez, para ganar un poco más de dinero.
Lo cierto es que ella posee amplios conocimientos en materia de adivinación, para ella “su alma pertenece a la cultura Inca”: es descendiente directa de la antigua civilización peruana.
Naira es una mujer de tez trigueña, y cabellos negros como la noche. A veces, por efecto del sol, el cabello parece volverse un poco azul o en raras ocasiones más en los días en que hay humedad, se ve un tanto rojizo. Es ondulado hacia las puntas y un poco reseco, aún así es un pelo muy grueso.
Es delgada, pero no al extremo, posee una silueta muy femenina y de buen porte más allá de los años y el estilo de vida que llevó siempre. Tiene una piel delicada y admirable, ya que casi no tiene arrugas demasiado visibles (lo que es motivo de envidia en más de una mujer que tiene trato con ella, aunque Naira afirma que es un don que le ha concedido Pachacamac, el dios supremo creador y señor de todas las cosas vivientes, según la creencia inca). Naira mide poco más de un metro sesenta y su peso se mantiene (y siempre fue así, ya que nunca engordó ni adelgazó demasiado) en los sesenta kilos. Dentro de sus platos favoritos el que ocupa el primer lugar es el pescado y le gustan todo tipo de frutas y verduras. Le gustan mucho las comidas dulces también, así que en cuanto puede prepara tortas y galletitas, incorporándoles zapallo o algún condimento exótico a la receta que así lo requiera.
En cuanto a su familia, la madre de Naira se llamaba Warawara y su padre Sathiri, ambos nacidos en Perú.
Su madre dio a luz a Naira y a su hermana gemela cuando tenía diecinueve años. Warawara nació en el año 1939 y cuando las gemelas tenían ocho años, tuvo a su tercer hijo: un varón, llamado Jarawi.
Durante la infancia, la vida de los hermanos transcurrió en Cusco. La madre de Naira se dedicaba a la crianza de ellos y durante largas horas se dedicaba también a realizar trabajos manuales como bolsos y prendas de vestir en el telar que tenían en la habitación del fondo de la casa. También realizaba vasijas y todo tipo de fuentes y moldes en cerámica, aunque con los años fue dejando este quehacer porque era muy agotador para una mujer que se dedicaba por completo a la vida en el hogar.
El padre de Naira, Sathiri, se dedicaba a la agricultura, tanto en la pequeña huerta que tenían en su hogar como a cuidar las plantaciones de grandes terratenientes, que a decir verdad, explotaban al hombre por un bajo sueldo.
Un trágico episodio marcó la vida de Naira una tarde de verano de 1974...Su hermano menor fue a pescar al lago con su padre, y cuando quiso zambullirse, tuvo un fuerte calambre que terminó con su vida cuando tenía tan sólo ocho años. Este hecho marcó para siempre la vida de Naira, quien decidió dedicarse por completo a aprender lo que significaba ser una bruja, y conocer todos los misterios de la vida, con sus buenos y malos momentos.
Un año después de la tragedia, e impulsados por la falta de trabajo y de dinero, la familia Pachari emprendió viaje a Argentina, junto con otras familias también de origen Inca. Pensaban que sería correcto comenzar una nueva vida lejos de los malos recuerdos, la muerte del niño...
El destino fue el noreste de Santa Fe, en las afueras de un lugar llamado Colonia Avellaneda. Allí el padre de Naira pudo trabajar para un terrateniente que les dio un hogar y les prometía un buen sueldo y educación para las gemelas. No todo fue así, el padre trabajó más de lo pactado (lo acordado tanto por el jefe como por la ley), pero en fin, la pareja decía siempre que debían dar gracias a Pachamac por lo que les daba: la vida y la tierra. Aún así, las gemelas pudieron terminar el colegio primario en un pueblo cercano, al que acudían caminando. Sufrieron la discriminación en todo momento, pero más allá de todo, lo que aprendieron en la escuela les sirvió de mucho para comprender la “nueva sociedad” en la que estaban inmersas, y conocer las diversas culturas y creencias del resto de las personas.
Por su parte, Naira se dedicaba día a día a aprender todo tipo de técnicas de hechicería y adivinación de la mano de su madre. Ése era el legado que se transmitía de generación en generación, y era un orgullo poder apropiarse de él y practicarlo después de tantos siglos. La joven sintió desde pequeña que tenía algo en su interior que no todos sentían: podía conectarse por completo con su alma y así lograba tener un gran poder de intuición, que le ayudaba a comprender qué debía hacer ante cada situación y hasta podía entender qué le sucedía a la persona que estaba junto a ella en ese momento. Eso era algo que tenía muy en su interior y que nunca develó a nadie, porque sabía que en este nuevo lugar, en esta nueva sociedad, más de uno se burlaría de ella: su contacto con niños, jóvenes y adultos de diversas clases sociales y creencias, le hizo saber hasta donde podía llegar la discriminación y los intereses, cosas que ella no conocía en el pueblo de donde era oriunda.
Cuando cumplieron los veinte años, y habiendo terminado los estudios primarios, Nina, la gemela de Naira, se fue de la casa. Fue con una amiga a Buenos Aires, donde ambas trabajaron en la casa de una pareja de médicos, cuidando a los niños de la casa.
Nina era muy diferente a Naira ya que desde pequeña le gustaba relacionarse con gente de dinero y siempre buscaba la forma de aparentar un nivel social y económico más elevado que el de su origen. Es por esto que una vez que emigró hacia otra ciudad nunca más regresó, y sólo mantuvo contacto con sus padres durante unos pocos años, por medio de cartas. Para ella, Naira no era una persona importante en su vida, porque significaba una amenaza pensar que alguien podría conocerla y llegar a confundirla, lo que sería vergonzoso. Además Naira representaba su pasado negado y el recuerdo de la herencia familiar que ella había rechazado: la brujería.
Entrando a la adultez, Naira comenzó a trabajar en el almacén de unos vecinos, principalmente en el sector de verdulería. Y los fines de semana vendía en la feria del pueblo algunas de las artesanías que realizaba en sus ratos libres junto a su madre. Así pasó esa etapa de su vida, solitaria y con ocupaciones: el trabajo y la atención a sus padres, lo que llenaba por completo sus días.
Nunca tuvo una relación formal con un hombre, no era algo que le preocupara, ya que tuvo oportunidades debido a su atractivo físico pero siempre las rechazó. Naira prefería las relaciones fugaces y sin compromiso, porque no estaba en sus planes formar una familia y siempre creyó que nadie la comprendería en su totalidad. Ella tenía su propio mundo que la mantenía absorta en una realidad oculta para el resto.
Pasados unos cuantos años, cuando Naira tenía veintinueve años, su madre, Warawara, enfermó gravemente de neumonía y falleció en menos de dos semanas. Éste fue el tercer golpe más grande en la vida de Naira: el primero fue cuando murió su pequeño hermano, el segundo fue la repentina partida de su hermana gemela, que en ningún momento dejó de negar la existencia de Naira y el desprecio por la familia que “le tocó tener”.
Luego de este episodio, Sathiri sufrió una profunda depresión y su estado empeoró rápidamente, hasta el punto de llegar a la agonía. Falleció en el hospital de Santa Fe capital en octubre de 1988.
Sin ánimos de seguir viviendo en el hogar de sus padres, Naira decidió marcharse hacia el sur del país, en busca de algún lugar que le permitiese estar tranquila y lejos de los malos recuerdos: la historia se repetía, una vez más debió partir para olvidar el presente trágico, pero esta vez, sola.
