Samuel Markovesky es joven, tiene 35 años aunque muy mal llevados, a simple vista no hay quien le de menos de 50 y aún así su aspecto no es el de un hombre de esa edad con un buen vivir.
Samuel tiene una corta estatura, poco favorecido además por la curvatura de su espalda, que no es una joroba, simplemente camina encorvado. Mide una metro sesenta aproximadamente es difícil decirlo por sus ropas grandes, oscuras y sucias seguramente conseguidas en un fondo de caridad de la sinagoga a la que su familia asistía en busca de solvencia espiritual. Sus allegados ya no están en este mundo o almenos nadie los conoce.
Mas aya de su condición social es una persona instruida y cultivada intelectual y filosóficamente, algunos dicen que era maestro, otros afirman que era doctor. No hubo dinero para si genio, lo logro con esfuerzo pero algo paso y decidió vivir sin un rumbo.
Vive a las orillas del río El Gualicho en una casilla precaria o cuando toma algún vino invitado por un vecino de Caleuche o financiado por las monedas que rescata de las generosidades de quienes lo conocen como un personaje infaltable de la ciudad, suele pernoctar al abrigo de las estrellas o la sombra de un árbol.
Fuma fasos rotos, se ríe, escupe, putea y toma mate también, se lava permanentemente la cara con el agua del rió
Samuel se volvió loco, pero con un instinto peculiar para estar siempre presente en los acontecimientos más relevantes de la vida del lugar. Lo conocen todos y a todos el conoce.
Por surcar las calles tiene relación con los personajes que frecuentan intensamente el espacio abierto. Y todos tiene historias para contar de samuel.

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